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Cadaqués y Figueres: una escapada perfecta

3 enero, 2019

Cadaqués está considerado uno de los pueblos más bellos de la Costa Brava, cuya visita en la temporada veraniega es algo complicada debido a la afluencia de turistas que llenan este plácido lugar.

Piratas argelinos y turcos, y corsarios genoveses, atacaron sus costas. Incluso la historia cuenta que fue arrasada por el temible pirata Barbarroja, y otras leyendas narran que en la época medieval vivió una comunidad judía en la zona, quienes construyeron su emblemática sinagoga de la que quedan algunos vestigios. Originalmente sus casas estaban cubiertas de pizarra negra, pero fueron encaladas para evitar que se propagara la peste.

Cadaqués y Figueres: una escapada perfecta
Cadaqués y Figueres: una escapada perfecta

El pueblo más oriental de España

Cadaqués es el último reducto español antes de la frontera con Francia, el pueblo situado más al oriente del país. En Goinnto se consigue toda la información al respecto de a qué sitios viajar y las recomendaciones pertinentes, como viajar a este pequeño y encantador pueblo pesquero del Alto Ampurdà, salpicado de casas blancas situadas a la orilla del mar Mediterráneo, rodeado de las hermosas montañas de la Costa Brava que lo escoltan.

Las sensacionales vistas, sus calas y playas cautivan al visitante y al turista, al igual que las tiendas que venden todo tipo de recuerdos del lugar. Montadas de una forma primorosa, que siempre se queda con ganas de volver y comprar.

Su popularidad atesora más de un siglo. Desde los que se atrevieron a desafiar la sinuosa y peligrosa carretera, pavimentada hace unos años, para ir a un poblado que no cambia su belleza marina y bucólica, que ha escapado de la explosión turística por su carencia de playas de arena.

Mantiene su carácter obrero desde su fundación, con algunos restaurantes y cafés que sirven deliciosa pero sencilla comida, con alimentos frescos como las sardinas, que traen a diario los pescadores del lugar.

Lugar predilecto de artistas e intelectuales

Dalí, Picasso, Utrillo, Max Ernst, Miró, Man Ray y el laureado cineasta Luis Buñuel se inspiraron en su sencilla y clásica belleza catalana. Dalí y el creador del movimiento Dadá, Marcel Duchamp, jugaban al ajedrez en el legendario Bar Melitón, a un ritmo dominado por la pereza y el “no hacer nada” que continúa hasta el día de hoy. En sus cafés y bares repletos de visitantes, algunos asiduos acuden al finalizar la siesta y no se van hasta ver las primeras luces del amanecer.

Josep Pla, quién denominó a Lidia Nogués – una pescadora del lugar conocida con el mote de La Sabana –  aseguraba que ella fue la que motivó a Dalí con el método paranoico/crítico que sirvió al artista para deslumbrar al mundo con su surrealismo, que tuvo su nacimiento en Cadaqués y Port Lligat.

El pueblo es considerado por muchos como cosmopolita y universal, un paraíso aislado y localista, que acogió en su seno a personajes de la talla de Zuloaga, García Lorca, Blasco Ibáñez, Ortega, Matisse, James Mason, Henry Francois Rey, Derain, Rusiñol o Pitchot, que fue testigo de reuniones donde los lugareños convivían con los intelectuales, artistas y famosos, sin sufrir ningún tipo de inconvenientes con las familias del lugar que han vivido allí desde tiempos inmemoriales.

La oda a la locura de Dalí

El Teatre – Museu Dalí, ubicado en Figueres, no deja indiferente a nadie que lo visita. Esta especie de Oda a la locura daliniana, puede encantar, fascinar o hasta aburrir a alguno, pero es una visita obligada si se encuentra por la zona. Es la principal atracción de esta ciudad de Cataluña y se centra en Dalí, el excéntrico artista nacido en la ciudad en el año 1904.

Fue construido en un teatro y alrededor de él, un recinto del siglo XIX y su primera exhibición se realizó en 1919. Su mismo creador lo definió como un objeto surrealista gigante en el que todo es coherente y aseguró que nada aparece más allá de su entendimiento.

Torres de neumáticos en la entrada y maniquíes de plásticos son solo algunas de las atracciones, además de su colección personal de obras y algunas piezas del Greco y de Mariano Fortuny. Salvador Dalí trabajó y vivió allí hasta su muerte en 1989 y el polémico y cotizado artista español está enterrado en el patio interior, bajo la gran cúpula que domina el museo.