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Caracteristicas de los japoneses

4 diciembre, 2018

Si como afirman los sicólogos, no sólo existen diversas formas de inteligencia, sino también “inteligencias colectivas” que caracterizan a los pueblos y naciones, no cabe duda de que los japoneses están dotados de una de las modalidades más provechosas del desarrollo intelectual: la de asimilar los adelantos tecnológicos y culturales de los demás pueblos, perfeccionarlos, y luego competir ventajosamente con sus creadores originales, no sólo al aplicarlos al mejoramiento de la vida nacional, sino también al venderlos en el mercado de exportación. Esta cualidad —combinada con su propio genio creador y su extraordinaria laboriosidad— se ha manifestado en más de una ocasión a lo largo de la historia del pueblo nipón, pero nunca como en las tres décadas transcurridas desde la terminación de la segunda guerra mundial.


Ante las abrumadoras pérdidas sufridas en la conflagración —tanto en vidas como en riqueza material— los japoneses tenían que escoger entre dos caminos: o se mantenían estáticos, lamentando estérilmente la destrucción de su país, o se unían en un esfuerzo supremo para hacerlo resurgir de sus propias cenizas y reconstruirlo.


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Fue típico de su temperamento que eligieran el segundo, y el resultado salta a la vista. En 1945, el Japón era no sólo una nación vencida, sino arrasada por la más cruenta conflagración de la historia, devastación que, en su caso, se vio agravada por el espanto de los dos únicos bombardeos nucleares no experimentales que han tenido lugar hasta el presente. Pero en 1964, apenas transcurridos veinte años desde su rendición incondicional, Tokio, la capital japonesa, al servir de sede a los juegos olímpicos cuatrienales, le mostraba al mundo el “milagro japonés”, el más asombroso prodigio económico de todos los tiempos: el Japón era de nuevo una potencia de primer orden, con una economía tan sólida (o más) que la de cualquier nación capitalista del mundo occidental. Las fábricas en ruinas, más que reconstruirse, se habían multiplicado, y de ellas salía la mayor producción de buques mercantes del mundo; la segunda de vehículos de motor; y la tercera de acero por citar sólo tres renglones importantes.



Seis años más tarde, los miles de personas que visitaron el pabellón japonés en la feria exposición Expo ’70, celebrada en Montreal, Canadá, pudieron comprobar que el imperio del Sol Naciente, en el término relativamente breve de veinticinco años, había transformado una aplastante derrota bélica en una extraordinaria victoria industrial y comercial.


TAMBIÉN HAY EQUIPOS PESADOS “HECHOS EN JAPÓN”



La aptitud japonesa para la manufactura no se limita a la de radios de transistores, cámaras fotográficas, y otros equipos pequeños de precisión. De sus astilleros salen hoy en día los más grandes cargueros y buques tanques que cruzan los mares, como el gigantesco Olympic Athlete, que fue construido a un costo de 14 millones de dólares para el desaparecido magnate naviero Aristóteles Onassis, y cuyo desplazamiento alcanza más de 216 mil toneladas.


Los japoneses no sólo fabrican grandes barcos para los demás, sino también para sí mismos. En 1976 (último año para el que existen estadísticas definitivas), su flota mercante desplazaba un total de más de 41 millones de toneladas netas, y en sus bodegas se transportó una buena parte de la infinidad de automóviles, camiones, televisores, equipos de alta fidelidad, y demás productos industriales con que actualmente inunda el Japón el mercado de consumo en los más apartados rincones del planeta.


Normalmente, sería de esperar que un país tan superpoblado como el Japón —y en el que, por añadidura, la tierra cultivable es relativamente escasa— viviera en un estado de crónica pobreza y constantes crisis económicas. Pero los japoneses son los japoneses. Su extraordinaria productividad le ha dado a la nación una reserva de divisas equivalente a más de 17 mil millones de dólares y —según las cifras de 1976— un mercado de exportación que asciende a unos 67.275 millones de dólares. Aun más extraordinario resulta el hecho de que, paralelamente a los vastos complejos industriales, a las megalopolis cada vez más numerosas y crecientes, a los pozos petroleros, y a las múltiples minas de carbón, cobre, hierro, estaño y otros metales, florezca una producción agrícola y ganadera que es modelo para el mundo entero.


Las estadísticas no sólo reflejan la grandeza económica y comercial de los japoneses, sino también la naturaleza y magnitud de sus aficiones. Entre éstas figura en primer término la lectura, como lo evidencia el hecho de que, actualmente, se publiquen en Japón 180 diarios, así como 6.241 revistas y otras publicaciones periódicas no diarias, mientras que —en 1974 solamente, último año en que las estadísticas de este tipo son ya definitivas— se imprimieron 32.378 libros. Igual que en el resto del mundo civilizado, la palabra escrita compite ferozmente por el favor de los japoneses en sus horas libres con la televisión, la que ya cuenta, en conjunto, con un total de más de 4 mil telemisoras en todo el país.