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Guia de Londres – Mi viaje a Londres

2 mayo, 2018

Bueno foreros, aqui os dejo a todos mi experiencia de mi viaje a Londres que realicé en el año 2009, seguro que a alguien que pronto visite la ciudad, le ayuda este post, asi por lo menos puede echar un vistazo a esta experiencia y por supuesto, espero que la comentes:

DIARIO DEL VIAJE A LONDRES DE CARLOS Y PATRI: 29 DE ABRIL A 3 DE MAYO

Miércoles 29 de abril. Escrito por Carlos

Nuestro primer día en la city ha dado mucho de sí. Mi padre nos llevó al aeropuerto de Villanubla, donde tomamos algo antes de embarcar. Tras unos besos de despedida y ultimar algunos detalles, subimos al avión. El avión de Ryanair estaba bien, iba lleno y había algún que otro grupo de niños de escuela que volaban también a Londres. Como decía, el avión estaba bien, pero como siempre yo no cabía en el asiento y tenía que doblar las rodillas, la azafata tenía una voz estridente y durante todo el vuelo no paró de decir cosas en inglés. Esta noche cuando duerma su voz resonará en mi cabeza.

El vuelo fue tranquilo y aterrizamos en el Stansted Airport, es un aeropuerto mediano y muy bien conectado. Tras comer unos bocadillos en la puerta, bajamos al sótano del aeropuerto, donde se encuentran los trenes del Stansted Express que te llevan a Londres en una hora aproximadamente. Habíamos cogido por internet los billetes, así que sólo tuvimos que imprimirlos en las terminales que tenían allí, entrar y coger el siguiente que salía (cada 15 minutos sale uno, así que está bastante bien). En el tren se iba bien y era cómodo, pero nos pasamos todo el trayecto mirando la maleta de 15 kilos que yo dejé encima de nuestras cabezas, no fuera a ser que se nos cayera encima con el vaivén del tren. Menos mal que no pasó nada y llegamos sanos y salvos. Este tren te deja en Liverpool Station, algo alejado de la zona centro y de nuestro hotel, así que teníamos que coger metro. Para ello, investigamos por la estación para sacar la travelcard de 3 días que permite desplazamientos ilimitados en metro y bus, pero para que nuestros vales de 2×1 imprimidos desde daysoutguide sirviesen la travelcard tenía que ser emitida desde las ventanillas de venta de billetes de tren. Tras preguntar un par de veces, al final nos aclaramos y conseguimos las tarjetas correctas, que tienen el logotipo de la compañía de trenes. Ahora sí, rumbo al metro y a nuestro hotel.

Nuestra primera impresión de la ciudad es que era muy bonita y había mucho verde. El tiempo era bueno y los edificios impresionantes, conjugan la modernidad del siglo XIX con edificios del XVIII en perfecto estado (restaurados, supongo). En el metro yo me quedé impresionado, y Patri también, era tal la cantidad de gente, la diversidad de culturas, que la verdad, me quedé alucinado. Había chinos, panchitos, raperos, punkis, y un montón de gente bien vestida y trajeada. Yo me sentía como un pueblerino.
El establecimiento del hotel prometía, diseño minimalista y buena ubicación, y cuando llegamos a nuestra habitación pudimos comprobar que sí, básicamente porque la cama era la habitación y el baño enano, tanto que Carlos tendrá que ducharse de rodillas. Pero limpio al fin y al cabo, aceptable.

Después de descansar un rato en la habitación fuimos a dar un paseo por la ciudad, que entre unas cosas y otras ya eran las 5 de la tarde. Cogimos el metro hasta la parada de Embankment y primero subimos al puente que había justo al lado, que era de diseño y podíamos ver los barcos y la noria gigante (el London Eye), luego pasamos por un jardín muy curioso que estaba muy cuidado y tenía unos tulipanes preciosos multicolores que a Patri le encantaron. Después recorrimos toda la calle donde se encuentra la entrada a Downing Street, todos eran edificios destinados a uso político, administrativo o financiero. Al final de esta calle apareció el Big Ben, también impresionante el tamaño y lo bien cuidado que está el Parlamento. Justo enfrente está la abadía de Westminster, que es enorme y muy bonita, y en la plaza enfrente al Parlamento había una manifestación por los genocidios de Sri Lanka. Intentamos encontrar la Catedral de Westminster, para verla también desde fuera, pero parecía estar más lejos de lo que habíamos pensado así que lo dejamos para otro día y cogimos en metro en la parada de St. James para ir a la zona de Picadilly y el Soho.

Pasamos por el Trocadero y descansamos un rato tomando una coca cola, y después nos pusimos a curiosear por las calles. Pasamos por Chinatown, había un montón de tiendas y de sitios para comer, era impresionante la variedad y se me hacía la boca agua con la variedad de estilos de comida que vimos: comida china, sushi, kebabs, hamburguesas, pizzas… paseamos un buen rato intentando encontrar Trafalgar Square, y tras pasar por Leicester Square, donde tienen una estatua de Charles Chaplin, y preguntar un par de veces, dimos con ella. Es muy grande, pero las fuentes no funcionaban porque las estaban arreglando, y no había tanta gente como esperábamos. A Patri le decepcionó un poco que estuvieran de obras, ¡porque le encantan las fuentes! Lo que sí que hay es un obelisco enorme muy bonito, en honor a Nelson. En esta plaza está la National Gallery, vimos que era muy grande pero el edificio en sí no es muy bonito por fuera. Como ya teníamos hambre, volvimos a Leicester Square, donde había muchos sitios para cenar, y entramos en un Bella Italia, Patri comió pizza y yo espaguetis, qué rico todo! Y de ahí, vuelta al hotel, que había sido ya una palicilla.

Aún no me ha dado tiempo a probar las cervezas, pero mañana contaremos más, que Patri está dormida mientras escribo y yo no tardará. El cansancio nos puede y de momento sólo queda decir: ¡IMPRESIONANTE!

JUEVES 30 DE ABRIL. Escrito por Patricia.

A las ocho de la mañana suena la alarma y nuestro día comienza. Bueno, el mío, el de Carlos 20 minutos más tarde y con mucho esfuerzo por mi parte poco antes de las nueve bajamos a probar el restaurante del hotel. Desayuno mediterráneo, normalito pero buenas cantidades. Carlos echa de menos que tengan huevos revueltos o bacon, pero hay unos bollitos calientes con crema bastante ricos. El café no está muy bueno según él, pero yo soy feliz porque tienen algo que juraría que es mosto, blanco y rojo. Tras subir y recoger un poco la habitación, nos ponemos en marcha. El primer objetivo es la Torre de Londres.

Un par de trasbordos en metro y aparecemos a unos 500 metros del objetivo, cerca de un monumento a los barcos de guerra y mercantes que nunca regresaron al puerto de Londres. A lo largo del viaje comprobaremos que los ingleses tienen monumentos en honor a todos, absolutamente todos sus muertos, es increíble. De fondo se ve un edificio enorme con la estatua de Poseidón entre columnas de un par de metros de diámetro.

Cruzamos la calle y llegamos a la explanada que hay frente a la entrada de la Torre, donde hay sitios para comer, un Starbucks, ben & jerry’s… claramente turístico, vamos. En esta explanada se encuentran las taquillas, En la Torre esperamos unos 10 minutos para hacer la visita guidad con el beefeater. Sopresa! Es una mujer! No sé por qué, pero no me lo esperaba.

La visita guiada está bastante bien, sólo habla inglés pero se entiende bastante bien, así que entre mis escasos conocimientos y la ayuda de las guías que nos llevamos de la biblioteca nos enteramos un poco de la historia de la Torre, sus funciones o sus “inquilinos”. Lo cierto es que su historia es bastante oscura y sangrienta, cárcel, lugar de ejecuciones, conjuras políticas, torturas y asesinatos, todo aliñado con los chistes del peculiar humor británico de la guía. Desde Ana Bolena a Tomás Moro, príncipes desaparecidos por interponerse en el camino al trono de su tío, un último prisionero en la II Guerra Mundial, el recorrido es impresionante. Al menos, en la capilla nos cuenta para acabar la visita, una historia de amor con final feliz que tuvo como escenario la torre.

De ahí pasamos a investigar por nuestra cuenta, y lo primero que hacemos (tras ver al guardia de casaca roja y sombrero gigante de pelo y que Carlos se riera un poco de él) es meternos en la exposición de las joyas reales, es bonita y está bien organizado, y las expresiones de Carlos son “menudo pedrusco, jolín, yo quiero uno así, si es que con la corona más pequeñita ya eres millonario!” jeje. Se le iba cayendo la babilla con tantos diamantes, zafiros, esmeraldas y rubíes. Ya algo cansados de la torre, decidimos pasar de la exposición de armas y armaduras de Enrique VIII Dressed To Kill, aunque a carlos sí que le gustan esas cosas.

De ahí fuimos al London Bridge, y entramos en la exhibición de la Torre del puente, de nuevo con los vales del 2×1. El puente es una infraestructura increíble, aunque la exposición nos pareció un poco pobre. Alternativas al diseño final, vistas, y un par de vídeos, y abajo la sala de máquinas de vapor que levantaban el puente para que pasaran los barcos, pero esto último no lo vimos. Volvimos a la explanada de la Tower of London y entramos a comer en una especie de Mc Donald’s inglés, ponían pollo frito (no había sandia, que lastima), fish & chips y hamburguesas, bastante baratillo. Creo que fueron 8 libras por la comida con patatas y bebida, yo pollo frito y Carlos una hamburguesa. Para descansar mejor, entramos después en el Starbucks, que tenía unos sillones mulliditos para morirse, y con un caffé latte y un vanilla cream como en el paraíso!

Tras reponer fuerzas buscamos un bus que nos llevase a la Catedral de St. Paul, que tiene la segunda cúpula más grande después de San Pedro en el Vaticano. Cogimos el autobús número 15, que tenía dos plantas, así que como niños corriendo al segundo piso a pesar de la poca estabilidad del vehículo, aunque merece la pena hacer un viajecito así. Llegamos a la catedral y tras pagar unas 11 libras por cabeza (aquí no había vales), pasamos a rompernos nuestros cuellos mirando la cantidad de dorado de los techos, las vidrieras de colores y las losas del suelo con un montón de nombres. A Carlos le encanta, y hace un par de fotos y unos vídeos a pesar de que está prohibido, como siempre… la iglesia cerraba pronto, así que estuvimos unos 40 minutos viéndola. Después bajamos a la cripta y esto le gustó bastante a Carlos, estaba lleno de héroes con tumbas impresionantes como por ejemplo la de Wilson y la de Wellington, la verdad es que esta iglesia parece un cementerio, literalmente.

Cuando salimos, ponemos rumbo a la Tate Modern, que está nada más cruzar un puente de estilo modernista que es sólo para peatones. Creo que lo llaman Millenium Bridge. La tate me decepcionó un poco, sabía que era arte moderno estilo Guggenheim o Patio Herreriano, vídeos, performances, esculturas extrañas etcétera, pero esperaba también encontrar algo de pintura, Picasso, Lichestein, Warhol, pero no vimos nada.

Aunque también estábamos un poco cansados de tanto ver cosas y no intentamos recorrerlo entero. Al salir decidimos coger un taxi para ir al Covent Garden, que nos cobró unas 8 libras. Los black cabs son muy pintorescos por fuera, pero por dentro parecen una carraca de feria, viejitos y algo inestables. Llegamos al Covent Garden sobre las 5 y media, y a las 6 y poco ya estaban recogiendo algunos puestos, pero nos dio tiempo a ver algunas tiendecillas y a que Carlos comprara una placa con la foto de su madre serigrafiada, muy chula aunque un poco caro. Dimos una vuelta por la plaza, llena de puestos de comida, carne, italiana, pescado… tenían de todo. Las tiendas de dentro del Covent Market estaban ya cerradas la mayoría, así que nos sentamos en una terracita fuera, desde donde veíamos a un chaval que tocaba la guitarra en plan James Blunt. Aquí pedimos unos nachos que estaban ricos, aunque no pudimos acabarlos, y una cerveza cada uno. Carlos flipaba con James Blunt II porque tenía un séquito de tías mirándole embobadas y le dejaban aparte de dinero, tarjetas con sus números de teléfono!! Que descarada es la gente! Jaja el caso es que el chico reunió al final unas cuantas tarjetillas.

A mitad de la tarde mis gemelos se habían salido de su sitio, y ya no podía casi ni andar, aún así era muy pronto así que decidimos volver a la zona de Picadilly, que es lo más animadillo. Carlos estaba obsesionado con que iba muy mal vestido para entrar en cualquier pub, así que entró en la misma plaza en una tienda de ropa GAP y se gastó 50 librazas en una camisa, pero le quedaba genial y él estaba contento como un niño pequeño. Pasamos por una fuentecilla que tiene unos caballos muy chula, cerca de la fuente de Picadilly que tiene la estatua de Eros sobre ella y que estaba repleta de turistas, como toda esta zona. Cerca de ahí había un club, con pinta de pijito y portero trajeado en la puerta, que se llamaba On Anon, y decidimos entrar. Carlos pasa y a mí el portero me pide el carnet: Too Young, me dice. Carlos viene al rescate: es que somos spanish, sabes, y el portero, She is too Young. La verdad es que con mi cara sin maquillaje y mis zapatillas de niña no me extraña que lo piense, pero le enseño el carnet y digo, no tanto, a lo que él contesta: Still so Young, pero me deja pasar. Es que allí la edad mínima para salir son los 21 años. Carlos pide unas copas a la camarera, pero claro, aquí las cosas no son como en España, no saben poner un ron cola y no tienen las mismas bebidas. Le clavan 20 libras por dos mini copas que encima llevan coca cola de garrafa, pero qué más da! Dos chupitos de tequila van a parar al estómago de Carlos, y de ahí ponemos en camino a otro sitio. Esta vez entramos en una taberna más típica, y nos pedimos unas pintas, aunque este chico hace tanto el bobo que parece que va bolinga. Después de esto, tenemos hambre, así que pasamos por Chinatown, y entramos en un sitio a comer arroz con cositas, y de beber, él más cerveza, y yo una coca cola.

Creo que de aquí conseguí arrastrarle el hotel, pero aún así él se bajó a tomar la última en el bar del hotel, mientras yo comenzaba a escribir este diario. Día agotador, a dormir!

VIERNES 1 DE MAYO. Escrito por Carlos.

Hoy nos costó levantarnos, bueno, me costó levantarme a mí porque en la cama se duerme genial y como no estoy acostumbrado a desayunar fuerte no me importaba perderme el desayuno, aunque como teníamos un largo día por delante, después de darme una buena ducha decidí acompañar a patri a tomar unos cafés y algún croissant. Nuestro primer objetivo del día fue el British Museum, y decidimos ir andando porque hacía un buen día y estaba siguiendo nuestra calle todo recto.

Tardamos unos veinte minutos o media hora en llegar al museo, que por fuera era bastante bonito y muy grande. Para entrar no había que esperar ninguna cola porque es gratuito, al igual que la National Gallery y la Tate, lo que es muy buena idea, cultura libre para todos, ¡a ver si aprendemos! Una vez dentro pudimos ver lo primero de todo, la piedra Roseta, rodeada de gente, la cual para hacerme una foto aparte a todo el mundo y me la pude sacar jajaja, y en esa sala grandes estatuas de los faraones egipcios, eran impresionantes! Yo no dejaba de hacer fotos y pude hacerme con la cabeza de la estatua gigante de Ramsés II y con sarcófagos de granito que tenían pinta de pesar una barbaridad. Después de hacernos fotos con todo y yo, como no, tocando algún otro busto o piedra (lo siento! No puedo evitarlo) pasamos a la sala de las momias, que la verdad me decepcionó un poco. Esperaba ver alguna desintegrándose pero la mayoría estaban en sarcófagos y sólo pudimos ver vendajes viejos y ningún hueso. Pasamos por la zona romana, donde pudimos ver cascos de oro, arcos y armaduras de la época de los gladiadores, y hasta armaduras y escudos romanos. No perdí la oportunidad de hacerme unas fotos con una vasija de color negro con relieves del siglo I d.C. que era realmente bonita y salía en nuestra guía. Después de pasar una hora y media más o menos recorriendo salas de este museo (ánforas de barro, joyas, frascos de cristales de colores, una colección enorme de monedas…) decidimos salir y nos sentamos en las escaleras de la entrada, como muchos otros turistas. El sol salía a ratos y quemaba bastante!

De ahí nos fuimos en dirección a la abadía de Westminster, aunque antes de coger el metro nos paramos en una terraza de un curioso fish & chips a probar el pescado y las patatas fritas, y estaba rico! Pero las bebidas que nos pusieron sabían malísimas, como a alcohol, o detergente o algo, vamos, a coca cola no. Patri la dejó casi entera. Durante todo el rato que estuvimos en esa terraza estuve intentando hacer una foto a la bandera británica que había en un edificio al fondo. A Patri le hice una que quedó estupenda! Después de reponer fuerzas pusimos rumbo a Westminster Abbey, si no fuera por Patri, la verdad es que aún estaríamos dando vueltas por el metro, jeje, esta chica es genial y es la mejor guía que alguien puede tener.

La abadía está al lado del Parlamento y el Big Ben, y cuando llegamos a la zona descubrimos que ya había llegado la oleada de turistas que esperábamos, estaba llenísimo de gente! Y la manifestación por Sri Lanka seguía con sus reivindicaciones bajo la estatua de Churchill. En la cola de la abadía nos tocó esperar una media hora bajo un sol de justicia, uo no dejaba de sentarme en donde pudiera, cual niño pesadito, jeje. Una vez dentro me llevé una desilusión, por fuera era impresionante, y la cantidad de arbotantes le daba un aspecto majestuoso, pero por dentro era fría, distante, no llegó a conectar conmigo. La cantidad de arbotantes le daban un aspecto de autoridad pero por dentro me parecía que la afeaban, y no representa una religión, sino una autoridad. No un sentimiento o creencia, sino una regla.

Ni siquiera había agua bendita, y lo malo es que, encima de pagar por entrar, unas veintipico libras entre los dos y eso con descuento del carnet de estudiante de Patri, no dejaban hacer fotos, de acuerdo, pero ¿grabar en video? No creo que el altar se derrumbe por grabar algo en vídeo y encima el monaguillo o como se diga se dignó a echarme una reprimenda en inglés por grabar, que tonto! Lo peor es ver la cara de patri con esa mirada acusadora de cuando haces algo mal. Pero joer, no se va a derrumbar por llevarme un recuerdo! Que ni siquiera tenían agua bendita!

La abadía está llena de esculturas y lápidas por todas partes, parece como que no cupiesen todas las cosas, y tiene muchas tumbas de reyes británicos, como Eduardo el Confesor, y también una réplica en madera que la silla que usan para las coronaciones y que es de piedra y actualmente se encuentra en Escocia.

Después vimos un claustro muy bonito y salimos de la abadía, que ya llevábamos como hora y media viéndola. Nosotros nos contentamos con nuestras guías, pero la mayoría de la gente aquí había pagado por las audioguías. Al salir pusimos rumbo a la Catedral de Westminster que no habíamos encontrado el primer día, con la esperanza de encontrar de camino un lugar donde comer. Todo el rato comiendo! Espero que dentro de unos años cuando lea esto esté más delgadito, jeje. Creo que hemos comido mucho! Pero qué rico estaba todo! Al final encontramos una callejuela donde había varios sitios para comer, y entramos en una taberna que servía comida inglesa típica, y muy barato. Por 12 libras comimos un plato enorme cada uno más la bebida. Lo único malo es que tardaron como media hora en servirnos, pero no nos importó porque ya empezábamos a tener los pies hinchados y a mí la espalda me dolía bastante, así que estuvimos descansando y viendo a la fauna tomarse sus pintas. Los platos estaban riquísimos, yo me pedí carne con pudding, zanahorias, guisantes y patatas cocidas con piel y todo, y Patri pidió pollo a la italiana, con bacon y queso, eran unos platos enormes así que comimos muy bien.

Tras llenar la tripa pusimos rumbo a Westminster Cathedral, aunque tuvimos que preguntar un par de veces, estaba más lejos de lo que pensamos! Esta iglesia es la sede de la iglesia católica en Londres, mientras que la abadía del mismo nombre es anglicana, curioso. Todo el camino Patri se quejaba por sus pies y es que esta chica no aguanta nada, esta vez la he destrozado yo a ella a andar, no como en Roma que estaba enfermo y débil, y es que tengo un gran espíritu viajero. *(ver nota de Patri). De camino y como nos costó encontrar la iglesia, le pregunté a un señor que tenía un puesto de periódicos, y la verdad es que me contestó muy mal, como diciéndome que estaba trabajando y que me largara porque le estaba molestando, será borde! Tenía que haberle destrozado el puesto por ser tan tonto y utilizar esos gestos y esa voz.

Menos mal que no sé inglés muy bien, sino le hubiera contestado y me hubieran detenido por destrozarle el puesto de periódicos, pero es que a algunos hay que enseñarles educación, no se puede tratar tan mal a la gente. En fin, lo dejo que me vuelvo a enfadar.

Cuando llegamos a la iglesia tenemos tiempo de sobra y decidimos tomárnoslo con calma. Me pareció muy bonita, sencilla pero bonita. Es de ladrillo rojo y dentro tenían una pila bautismal grande y esta vez sí había agua bendita. Cogí un poco y puse unas velitas mientras oraba. Tenían un altar grande con una cruz bastante bonita, hice fotos y genial. Es lo que tiene ser católico. Se puede decir que había mucha diferencia en cuanto al ambiente entre la abadía y la catedral, en esta iglesia no había apenas turistas, reinaba el silencio y se veía a unas cuantas personas rezando con bastante intensidad.

Al salir vimos un centro comercial justo enfrente y decidimos buscar algún regalito para la family. Estuve buscando unos videojuegos para mi hermano, pero no había tiendas! Al final encontramos una y sólo tenían uno de los que quería, y encima tardó como media hora en traerlo, pero bueno, al menos le llevo uno.

Después fuimos un poco corriendo a coger el metro para salir en Westimnster Pier para coger el barco con el que ves un poco la ciudad, pensábamos que casi no lo cogíamos y era el último día que nos servía la travelcard de la estación de trenes, así que nos dimos un poco de prisita. Al final lo cogimos sin problemas, un barco de City Cruises, y nos pudimos sentar en la parte de arriba que no es cubierta, y hacer unas fotos geniales mientras recorríamos el Támesis hasta casi llegar a la Torre de Londres.

El guía iba contando los edificios importantes por los que pasábamos y contaba anécdotas, pero claro, todo en inglés. Cuando llegamos al embarcadero de la torre nos hicieron cambiar de barco y aprovechando que teníamos media hora antes de coger el de vuelta hicimos una escapadita al Starbucks para coger un par de granizados, mmm
Ya de vuelta hacía un poco de frío para estar arriba, y acabamos en la parte de abajo, y por ser el último del día iba petado de gente, pero aún así se iba cómodo. Cuando bajamos del barco carlos se tumbo encima de una retisa y estuvo tumbado mientras la gente le miraba, por que no se cortaba un pelo en tumbarse y que aptri le hiciera fotos cual modelo posando jajja. Tambien me impresionó basante (a carlos) ver como estaba un poco mareadillo, pero solo un poco, mientras yo me recuperaba tumbado un rato, había gente que bajaba del barco muy palida y mareada, incluso vimos auna chica que además era española, haciendo lo que la gente hace cuando esta mareada. Yo la verdad es que me sentía bastante bien, ssalvo que hacia un poco de frio.
Para acabar la jornada decidimos volver a la zona de Picadilly a tomar algo, y según salimos del metro alguien nos dio una tarjeta de un pub que se llamaba Tiger Tiger, andamos unos metros y Patri lo vio en una calle que bajaba y decidimos entrar. Pues parece que entramos en un club superguay sin querer, tenían una zona como de restaurante, otra arriba como con reservados, y abajo mesas altas y bajas y un ambiente con música de discoteca pero relajado. Eran como las siete de la tarde y la gente iba superarreglada, claro, era viernes noche! Nos tomamos unas pintas y pillamos una mesa alta mientras el bar se iba llenando. Primero pedi unas pintas para ir calentando, aun que claro, antes de eso baje con la mochila hasta los servicios para cambiarme ya que traia la camisa que me compre el dia anterior y no parecer un viajero paletillo!!
Me impresiono mucho ver que dentro del baño había una persona de color dando las servilletas para limpiarse las manos una vez te hayas lavado, al cual si le dabas una libra, te dejaba elegir entre un montonazo de colonias!!!! Había de todo!! Estaba la de 1millon dólar, la de hugo boss y mi preferida, la colonia de Armani que me encanta como huele, asi que después de dejarle una libra, maquearme un poco el pelo y echarme esa colonia, me dispuse a subir a buscar a patricia.
Luego pedí una botellita de vino blanco, y aprovechando que patri estaba en el baño, llame a la camarera para que viniera donde yo estaba y nos trajera un plato de comida, era 1plato con cositas fritas y algo picantes, y era raro estar allí cenando como en medio de una discoteca. Pero tan genial!
El ambiente era ideal, y había un montón de chicas guapas. Salí a fumar y vi un montón de limusinas dejando grupos de tíos (negros (joder esto esta lleno)) con tías con pinta de guarris… pedimos otras pintas y ya íbamos un poco bolingas, y Patri más, una chica que estaba bailando se chocó con ella cuando traía las pintas y las dos se mancharon de cerveza, jeje. Yo también tiré una sin querer, pero estábamos eufóricos y lo pasamos muy bien. A medida que avanzaba la noche iban retirando las mesas para dejar espacio para que la gente bailara, estaba todo muy chulo. Otra vez que salí a fumar me encontré con unos españoles que eran de Málaga y me pidieron que intentara colarles, pero no hubo suerte, el portero no les dejó pasar y es que parece que al final de la noche sólo dejaban entrar a los que iban con tías… se quedaron con las ganas, así que dijeron que seguro que el sábado volvían a ver si podían entrar antes. Así que ya ves, nos metimos en el sitio más cool sin tener ni idea! Jeje

Sobre las 10 y media o así ya estábamos un poco agobiados, llevábamos más de dos horas allí y la gente estaba demasiado animada, así que salimos y encontramos cerquita otra taberna que estaba tranquilita, y decidimos tomar las últimas pintas allí. Sobre las 11 y pico cogimos el metro que ya debía de ser de los últimos, y según llegamos al hotel nos quedamos fritos enseguida!

SÁBADO 2 DE MAYO. Escrito por Patricia.

El sábado decidimos levantarnos un poquito más tarde, y decidimos tomarlo con más calma, ya habíamos hecho casi todo lo que queríamos y más. Aún así yo bajé sobre las 9 a desayunar y Carlos apareció a y 20 para tomarse un cafecillo. Cuando salimos fuimos a la estación de Warren Street, porque teníamos que comprar la travelcard de un día, y de allí pusimos rumbo al Palacio de Buckingham para ver el cambio de la guardia, que era sobre las 11 y media.

Bajamos en la esquina de Green Park con Hyde Park y aún eran las 10 y media, así que le di a elegir a Carlos, pasear por alguno de los dos parques o ir a Harrods, y eligió ver el centro comercial. Fuimos a pata y la verdad es que había un buen cachito, además, la gente a la que preguntaba no tenía ni idea, al final lo encontré sola sin mirar ningún plano, creo que de pura chiripa, pero el caso es que llegamos. De camino recorrimos la calle Kensigton, que estaba llenita de tiendas de ropa, se me iban los ojos todo el rato! Menos mal que era todo un poco caro, porque sino no me hubiera resistido a entrar en todas! Cuando entramos en Harrods sólo estuvimos unos diez minutos porque sino nos perdíamos el cambio de guardia, pero pudimos ver que son unos almacenes como el corte inglés pero a lo bestia, el edificio por fuera es muy bonito y en la primera planta vimos joyería supercara y bolsos, y una parte central que era un mercado de comida, con bastante ambiente.

Al salir metimos la quinta y directos al palacio, tardamos casi la mitad de lo que tardamos en hacer el recorrido inverso, pero cuando llegamos menuda desilusión, había tantísima gente que era imposible ver nada!! Sólo un trocito de reja y una fuente pero del edificio casi nada, y a los guardas difícilmente. Lo intentamos un rato pero nos agobiamos tanto que al final decidimos pasar y sentarnos en el parque de enfrente, el Green Park. Es una extensión enorme de verde, bastante bien cuidada, y con no muchos árboles pero algunos muy bonitos. Nos tiramos en la hierba y sacamos unas fotillos, mientras oíamos la música del cambio de guardia, que nos sonó como a Star Wars o Indiana Jones, no sé, algo raro. Ya un poco más relajados, pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: el mercadillo de Portobello, en Nothing Hill.

Al final del parque había varios monumentos bastante curiosos, como ya he dicho, tienen muchísimos, y una cantidad enorme están dedicados a las víctimas de las dos guerras mundiales, y en especial a los países de la Commonwealth que apoyaron a Gran Bretaña con sus tropas. Incluso en la propia abadía de Westminster creo recordar que en la capilla central habían escrito en el suelo en letras doradas: el agradecimiento a los soldados americanos que dieron sus vidas ayudando al pueblo británico en la II Guerra Mundial, y cerca de la salida hay una lápida por el Soldado Desconocido, también un reconocimiento “a todos aquellos que dieron lo más grande que tenían, sus vidas, por su patria, su rey, su dios, sus familias y por la libertad” y por ello lo enterraron entre los reyes, con todos los honores. La verdad es que me impresionó que tuvieran tantísimos recuerdos de las dos guerras, me parece bonito verlo.

Después de esta pausa, sigo con el itinerario: cogimos el metro en Green Park y tuvimos que hacer un par de trasbordos para llegar a Nothing Hill, y allí recorrimos la calle sin encontrar el mercadillo a primera vista. Creo que leí que recogían los puestos a la una, y ya era la una, pero al final encontramos la calle con las casitas de colores, repleta de gente, y como no, la inmensa mayoría españoles e italiano. No había puestos fuera, pero entramos en un par de tiendas y compramos regalitos para la familia. Carlos se agobió pronto entre tanta gente y lo pequeño que era todo, así que buscamos un sitio para comer. Cerca de allí encontramos un restaurante italiano con muy buena pinta, y tenían una terraza estupenda así que allí fuimos. La verdad es que nos tocó esperar bastante, y fue un poco caro, pero creo que a esas alturas nos daba todo igual. Comimos una antipasti con embutidos y un plato de pasta cada uno, el mío eran espaguetis a la marinera, con un montón de almejas, mejillones, langostinos… mmm estaba riquísimo! En este sitio ponían pizza casera, y en vez de hacerlas individuales te la hacían enorme, dependiendo de cuantos pidieran.

De aquí yo me fui a mirar un par de tiendas más que aún me quedaban de coger unos regalos, y luego nos fuimos los dos de allí porque la verdad es que era muy agobiante. Cogimos de nuevo el metro y bajamos en Leicester Square, para ver la National Gallery. Como también es gratuito vimos un poco por encima, pero la verdad es que tienen una colección impresionante, creada a través de donaciones particulares han reunido una pinacoteca que incluye a todos los grandes: Leonardo da Vinci, Tiziano, Miguel Ángel, Velázquez, Van Gogh, Renoir, Botticelli, Rafael, Cezanne, Monet, Gauguin… lo malo que cada dos salas aproximadamente nos teníamos que sentar porque ya no aguantábamos nada de pie, estábamos reventados lo dos! A Carlos le decepcionó un poco que sólo tuvieran una obra de Leonardo da Vinci, la Virgen de las Rocas, y que encima estuviese el original en restauración, pero a mí la verdad es que ver todo aquello junto ya me parecía bastante, donde posaras los ojos se te quedaban enganchados en pinceladas mágicas. Un aviso a otros viajeros: no os fíes de los colores de las salas ni de las guías, los cuadros los cambian de sala, y el código de colores no se corresponde, así que coged un mapa en cuanto lleguéis y guiaros por los números de las salas y por las explicaciones que lleva el tríptico.

Después de recorrer durante una hora con los pies arrastrando decidimos que nos habíamos cultivado bastante en este viaje y salimos de allí. Nos sentamos en Leicester Square en un Ben & Jerry’s, y nos tomamos un helado y un granizado muy ricos mientras veíamos cómo la gente iba llenando la plaza, muy buen ambiente. Sobre las siete nos pusimos ya rumbo al hotel, pero fuimos hasta Piccadilly a coger el metro, a recorrer por última vez (en este viaje) esas calles que tanto nos han gustado. Todo estaba muy animado, mucha gente tomando pintas en las terrazas y paseando, qué buen tiempo nos ha hecho! Dijimos adiós a la plaza y de nuevo al gran monstruo subterráneo, el tube.

Cuando llegamos al hotel Carlos se bajó a ver el partido del Madrid-Barca, no si antes haber dormido una larga siesta y carlos bajo tambaleándose y con una empanada mental gigante, mientras yo escribía un poco de este diario y recogía las cosas, luego bajé y cenamos algo en el mismo hotel, y Carlos estaba un poco contrariado porque los blaugranas habían metido una buena paliza al equipo blanco, y los ingleses que estaban viéndolo con él eran del Barcelona! Jeje. Tras el fish&chips y la hamburguesa nos fuimos a la habitación, tras preguntar si habría algún problema para coger un taxi a las 5 de la madrugada. La chica de recepción respondió que ninguno y con la conciencia tranquila y haciendo cálculos nos echamos a dormir. Otro día agotador, y sólo unas pocas horas de sueño por delante antes de despedirnos de la City.

DOMINGO 3 DE MAYO. Escrito por Patricia

5 de la mañana y nos levantamos con el cuerpo dolorido y pidiendo a gritos algo más de descanso, pero hay que recoger y hacer las maletas. Una vez listos, entregamos la llave en recepción y pregunto por la parada más cercana de taxi. El sorprendido recepcionista me mira raro y dice que va a ser un poco difícil coger un taxi a esas horas. Me quedo blanca pero hablo con él y su compañero, llaman a un par de compañías y no tienen ninguno disponible. Ya nerviosos por no poder llegar al aeropuerto a tiempo, Carlos sale a buscar uno mientras me buscan en internet una forma de llegar a Liverpool Street para coger el tren, aunque sea en bus haciendo trasbordos me dicen. Al final quedó en un susto, porque menos de tres minutos después, Carlos, que es genial, ya tenía el taxi en la puerta, pero ¡qué miedo me metieron los capullos!

El taxi tardó bastante en llegar a la estación, aunque las calles estaban bastante desiertas, y nos cobró 16 libras, pero aún teníamos 25 o así, así que podríamos tomar un desayuno en el aeropuerto o algo. Un par de fotos más de despedida y a las 6 y 15 cogimos el tren, en el que viajaban bastantes españoles. Como íbamos bien de tiempo facturamos (después de sacar innecesariamente ropa de la maleta a la mochila de Carlos, porque al final pesó sólo 11 kilos de los 15 que podíamos llevar), nos fuimos a una cafetería de la cadena Pret (venden hasta bandejas de sushi), y nos pedimos un cafétillo y un té, lo mío abrasaba tanto que al final no me pude tomar ni la mitad, pero bueno, me sentó bien.

A las 8 menos cuarto fuimos a la zona de embarque, y al llegar a la zona internacional vimos ya cuál era nuestra puerta, pero cuando llegamos vemos que la puerta no está ahí, sino que tienes que coger una especie de metro para ir a otro edificio, y vamos muy justos de tiempo! De nuevo agobiados, llegamos al otro edificio, escaleras mecánicas para aquí y para allá, y al llegar somos los últimos de la cola. Menos mal que luego llegó más gente, porque la sensación era un poco rara!jeje
Ya en el avión tuvimos la suerte de que nadie ocupara el asiento de al lado, y nos pudimos acomodar más o menos para echar una cabezada, y estábamos tan cansados que ni las continuas llamadas de las azafatas para vender desde cafés a sándwiches, a colonias o cosméticos nos impidió dormir una horita o así cada uno, aunque Carlos para variar ocupó los dos asientos y todo el avión le vio el culo, pero bueno, no era gente conocida así que no pasa nada… J

Cuando llegamos a Villanubla hubo un último incidente con mi rebelde sin causa: salió de la zona de recogida de equipaje para ver si su padre había llegado, y luego un chico de seguridad sin ninguna identificación no le quería dejar entrar. Carlos pasó olímpicamente de él y el chaval se volvió a por él, diciendo que saliera que no podía estar allí, y como se negaba, llamó hasta a la guardia civil. Así que allí estaba yo, esperando la maleta mientras mi novio era interrogado por tres de verde y el de seguridad como si fuese de Al-Quaeda, y el resto de pasajeros mirándome con pena. *como que pena?* En fin… al final le dejaron quedarse conmigo, pero he perdido la cuenta de la cantidad de veces que le han reprendido en este viaje, y siempre me señala a mí para que le ayude! Pues va listo, sí él se mete en problemas no es mi culpa, ya sabe que yo soy muy respetuosa con las reglas precisamente porque odio esos números, pero él sigue… ya veremos en el siguiente viaje si la cosa cambia, aunque me temo que no!
[FONT=Times New Roman][SIZE=3]Hasta la próxima!