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Guia de San Petesburgo, que ver en San Petesburgo, Mi viaje a San Petesburgo

3 mayo, 2018

Mi intención con estas palabras es engrandecer, si cabe, esta maravillosa ciudad.

San Petersburgo
se manifiesta variable y renovada cada vez a lo largo de sus tres siglos.
Fue fundada por Pedro I el Grande el 16 de mayo de 1703, fué tan rápido su desarrollo que en menos de 300 años ya se podía comparar con París y ponerse al lado de las ciudades más pobladas del mundo.
Contra toda verosimilitud razonable, engendrada en un ambiente hostil, en medio de ciénagas, bosques impenetrables, a orillas de corrientes poco amenas, y que, por más señas, ocultan sus aguas bajo un caparazón de hielo a lo largo de casi medio año, San Petersburgo recibe, sin embargo, un ímpetu vital tan energético que al finalizar el siglo ya es una de las más consideradas y hermosas ciudades del Norte

Cita de Alexandr Pushkin
“Transcurre un siglo, y maravilla
De todo estado boreal
Se yergue ya la hermosa villa,
Nacida en bosque y barrizal”.

Para asombro de las generaciones venideras, la ciudad vino concentrando tanta obra de arte que ni en potencial artístico cede San Petersburgo.
Puede ser que quien la visite en Junio, no sepa conciliar el sueño, si para ello precisa de la oscuridad nocturna: no llegará la noche, pese a que el sol se esconda… Momentos para disfrutar de una claridad entre malva y argentina que matiza de misterio la serena atmósfera de la durmiente ciudad.
De día, no es menos espectacular el panorama: el río posee todos los matices, desde un azul añil en el dorado Otoño, hasta el blanco níveo del invierno. Vale la pena contemplar desde arriba el potente Neva, enlace entre el enorme lago Lodoga y el mar, constructor de las numerosísimas islas que dieron base a la ciudad.
Desde lo alto se destacan los grandes macizos de edificaciones sobre las islas del delta. Como flechas lanzadas desde un solo punto “El Almirantazgo” parten en abanico las principales avenidas de la ciudad.
Si te acercas a la ciudad por el golfo de Finlandia verás perfilarse en el fondo del cielo de San Petersburgo el enorme yelmo dorado sobre la catedral de San Isaac, cuya altura sobrepasa los 100 m.. Un poco al norte de la catedral, se observa una aguja dorada semejante a un puñal punta arriba, es la catedral de San Pedro y San Pablo.
San Petersburgo, uno de los más destacados centros científicos, con su Academia de Ciencias, la Universidad, más de 300 institutos de investigación científica y oficinas de diseños y proyectos. Ciudad de gigantescas fábricas, plantas-colosos y enormes astilleros.
Sus espléndidos jardines, melancólicos estanques, románticos parajes y lujosos palacios son morada de la Musa de poetas y pintores.
Tsarskoie Sieló, Pávlovsk, Petrodvorest y Lomonósov poseen cada uno su propio atractivo, su refinada belleza.
Se puede recorrer el llamado “Anillo Verde de la Gloria”, aquellos lugares en que las hordas hitlerianas fracasaron mil y una veces en sus intentos de vencer y someter a la ciudad.
Más de 30 monumentos se yerguen a lo largo del “Anillo”.
Numerosos libros describen la ruta histórica de San Petersburgo, numerosos lienzos reflejan su metamorfosis, pero siempre se va añadiendo y nos enteramos de algo que es indispensable recordar y conocemos mejor esta ciudad de la que ya creemos saberlo todo o casi todo.
Se lo dedico a Tatiana, mi esposa que nació en esta increíble ciudad