Saltar al contenido

Museo Nacional de Antropología e Historia arquitectura de Pedro Ramirez Vazquez (México)

4 diciembre, 2018

PEDRO RAMÍREZ VÁZQUEZ – El discurso de una arquitectura oficial.


Premio Estrella de Oro de Bélgica (1980), Gran Premio de la XII Trienal de Milán (1960), Medalla de Oro de la VIII Bienal de Sao Paulo (1965), Premio Jean Tschumi de la Unión Internacional de Arquitectura (1969), Premio Nacional de Artes (1973), Gran Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura de Francia (1978)…, esta es sólo una somera enumeración de los premios y reconocimientos con los que se ha galardonado la trayectoría profesional de Pedro Ramírez Vázquez (México, D.F., 16 de abril de 1919). Si la afirmación de otro arquitecto, Teodoro González de León, es cierta (“Las ciudades se deben al azar, al diseño, al tiempo y la memoria; en otras palabras, son obra de la gente, regulada por el gobierno, modificada por el tiempo, y preservada por la memoria”.), entonces, Ramírez Vázquez ha representado, sobre todo, la mejor arquitectura emanada desde las esferas gubernamentales. La presencia de su obra, de 1944 a la fecha, documenta algo que va más allá de una trayectoria individual: la evolución de un estilo o la vocación constructiva que busca adaptar los descubrimientos y logros efectuados en el extranjero con la herencia nacional que circula por la memoria de los mexicanos; su obra, además, proporciona una clara evidencia de los senderos por los que se ha movido el Estado mexicano. En ella se encuentra su proyección en el dominio de las faenas educativas (aulas prefabricadas, Casa Hogar para Niños y Hospital Infantil, IMÁN, Liceo México-Japonés), su presencia a nivel de órganos de gobierno (Secretaría de Trabajo y Previsión Social, Instituto Nacional de Protección a la Infancia, Junta Central de Conciliación y Arbitraje, Secretaría de Relaciones Exteriores, Congreso de la Unión), la afirmación de su imagen en el exterior (los pabellones de México en las Ferias de Bruselas y de Seattle), su interés en la distribución del abasto (los 15 mercados que entre 1955 y 1957 levanta, en forma mancomunada con otros arquitectos, en el D.F.), o los recursos generados para preservar el patrimonio nacional (los museos que se deben a su talento).


Quizá es en la suma de proyectos de museos donde la capacidad de Ramírez Vázquez ha encontrado una de sus más afortunadas expresiones. La combinación de soluciones que requiere equilibrar las exigencias didácticas, de conservación y difusión de un museo, las propuestas estéticas que renueven los presupuestos previos en esa especialidad, las dificultades que oponen ciertos materiales, y la necesidad de que la estructura se incorpore, sin desentonar, al paisaje, representan, para cualquier arquitecto, un reto formidable. Ramírez Vázquez ha emprendido cada uno de sus proyectos con el vigor y la decisión de quien está dispuesto a sortear todos los contratiempos. Los resultados se hallan a la vista: la Galería Nacional de Historia en el Bosque de Chapultepec, con su planta helicoidal que facilita el recorrido del visitante en un proceso que lo lleva de sala en sala sin que se perciba el cambio de niveles, el Museo Fronterizo, en Ciudad Juárez, el Museo de Arte Moderno, que durante años —de 1964 a nuestros días— ha convocado a los miles de visitantes que frecuentan el Bosque de Chapultepec al disfrute de las expresiones artísticas que difunde; en el mismo Chapultepec se encuentra la pieza arquitectónica que, muy posiblemente, le ha valido mayor reconocimiento a su artífice: el Museo Nacional de Antropología e Historia. En esta magna construcción, Ramírez Vázquez pugnó por conseguir un muy alto nivel de complemento plástico: organizó las salas en torno de un patio rectangular echado gracias a una columna que también opera como fuente (en un extremo del mismo solar se recogen las aguas en espejo que evoca el antiguo чета lacustre del Valle de México), reservó muros para que los más connotados pintores de ese momento ejecutaran frescos históricos, diseñó un sistema de recorrido lógico, y reservó espacios para funciones paralelas (auditorios, aendas, salas de exposiciones temporales y au-i as). Su última incursión en esta especialidad está en el Centro Histórico; ahí, a un lado de los restos arqueológicos rescatados en el último decenio, se levanta el Museo del Templo Mayor, donde se resguarda la mayor parte de los objetos rescatados en esa zona.


[ featured-img ]


Arquitectura de resonancias públicas, la de Ramírez Vázquez detenta una decidida vocación de masas. Dos ejemplos bastan para ilustrarlo: el Estadio Azteca, capaz de recibir a 110,000 aficionados al fútbol, y la nueva Basílica de Guadalupe, que bajo su techo cónico acoge a los miles de creyentes que acuden a uno de los mayores santuarios del continente. Sin duda, la obra de este arquitecto es una de las más conocidas en el mundo; de la misma manera, y gracias a ello, él ha sido uno de los responsables del aspecto que ostenta la antes región más transparente del aire.