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¿Cuál fue la última reina de Francia?

MARIE ANTOINETTE: LA ÚLTIMA REINA DE FRANCIA.

A lo largo de y tras su historia, la conocida reina de Francia fue objeto de comentarios y falsedades que aclaramos con el apoyo de un especialista.

La pequeña María Antonieta: nacida para gobernar

Nos movemos a la segunda mitad del siglo XVIII, a las últimas décadas de la modernidad, al corazón de Austria. La penúltima hija de los emperadores austriacos (4) vio la luz en el impresionante Palacio Real de Viena (3): María Antonieta. La pequeña fue criada de forma rigurosa y rigurosa por su madre supervisora. No obstante, pese a sus mejores sacrificios, la pequeña no se resaltó como una luminaria y sus intereses eran mucho más lúdicos que intelectuales.

La pequeña archiduquesa (como llamaban los emperadores a sus descendientes en vez de príncipes) había exhibido modales desde pequeña. Era coqueta, se reía y le encantaba bailar. Su madre, una casamentera experimentada, próximamente vio el potencial de su hija, cuya hermosura y lozanía llamaron su atención (5).

El reino se tambalea

El 27 de marzo de 1785 nació el tercer hijo de los reyes, al que llamaron Luis Carlos. Estando embarazada de su cuarto hijo, que nació el 9 de julio de 1786 y llevaría por nombre Sofía Elena Beatriz, María Antonieta padeció un episodio en oposición al Parlamento que sería el punto de inicio de las turbulencias que años después terminarían con su reinado. El llamado tema del collar implicó al cardenal de Rohan en una comisión representando a la reina, que se demandó abonar a un prominente valor. Todo fue orquestado por Jeanne Valois de La Motte, quien logró que el cardenal y joyero Bohmer hiciese de este último un caro collar para la reina. Al notar que no le pagaban, el joyero demandó su deuda de forma directa a Versalles y María Antonieta acusó al cardenal de Rohan de estafa. Por último, el Parlamento reconoció la inocencia del cardenal y el engaño de Jeanne Valois de La Motte y su marido. Pero asimismo mostró a la multitud que la reina no era digna de ocupar Versalles, puesto que le importaban mucho más las fiestas y el lujo que gobernar Francia.