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¿Qué duele más la dilatación o el expulsivo?

Sin anestesia, la etapa de expulsión tiende a ser una etapa dolorosa, si bien no mucho más dolorosa que la dilatación. Para muchas mujeres es aun una liberación, especialmente si han dudado a lo largo de muchas horas.

Quizás te estés preguntando qué debe ver el parto con el planeta de El Señor de los Anillos. Bastante, por asombroso que te parezca. Hace un par de meses, Desmadreando nos contaba en este articulo, con su estilo idiosincrásico, entre los puntos menos románticos del embarazo, con el que no solo me reía sin frenos sino me sentía muy identificada. Y le prometí que le daría mi visión de nacimiento tal y como si me tratase como a Frodo. El día de hoy la señora Desmadres está por entender a su fetín, conque hay un mejor instante. Esperemos el parto sea veloz y no poseas tiempo de ojearlo, pero si lo lees antes que tu bebé asoma la cabeza seguramente me recuerdas enseguida. Suerte reina!!! Bueno, aquí voy. Como saben, mis nacimientos fueron, bueno, mis nacimientos fueron extraordinarios, espectaculares y tengo enormes recuerdos de ellos. Pero como son las cosas. Duele como el demonio y mucho más en el momento en que te paras «a pelo», sin epidural ni nada. La primera oportunidad que di a luz lloré por ella y avanzaba tan veloz que no había tiempo. No deseaba exponerme con el segundo pues sabía que podía ofrecer a luz sin ella. Pero charlemos del primero que te llama la atención sin entender lo que haces. En el momento en que les charlé de mi parto, no menté de qué manera me sentí en el momento en que nació mi bebé. Sospecho que pues era una paranoia tan enorme que me olvidé de ella en el momento en que la traduje a la letra redactada, o pues me quedé con el lado romántico. La cuestión es que tuve mi instante geek, que evidentemente no lo compartí con absolutamente nadie. Permíteme decirte Llevaba un par de días de lamentable parto, el mal se reflejaba en los riñones y visto que el paracetamol que se encontraba tomando no me hacía efecto me logró percatarme de que el parto era inminente. Fui al hospital por el hecho de que tenía bastantes trabajos de parto y era muy lamentable, me ingresaron por el mal que tenía más allá de que no se encontraba en trabajo de parto (mi cuello uterino se encontraba intacto y no se dilataba ni una pulgada) y me recetaron calmantes para calmar el mal del parto (patraña sucia, me dolía igual, pero la Dolantine me dejó vaga y no respondía a mi cuerpo). El tiempo que estuve en la habitación al amanecer fue horrible. Contracciones con dolores de riñón que prácticamente no me dejaban respirar, la Dolantina había anulado mi cuerpo, en ocasiones afirmaba que no podía ahora ocasiones solo crujía los ojos y apretaba los dientes. En el momento en que me quedó razonablemente claro, solicité epidural, sin éxito, por el hecho de que sin dilatación no había punción. La partera que asistió a mi llamada por segunda vez me asistió de manera accidental a abrir las aguas puesto que debí moverme y subirme a la camilla y el ahínco me logró romper la bolsa. Y sin saberlo, el trabajo de parto se se encontraba acelerando tanto que en el momento en que volví a la cama, me dilaté y apliqué la línea para la epidural, extendiéndola a 7 cm. No había pasado media hora desde el momento en que rompí aguas, conque no había tiempo para una epidural. Debí pasar por todo este mal. Como ahora se encontraba absolutamente dilatada, era hora de mover, lo que hice sentada en el inodoro por consejo de la comadrona que entraba al cambio de turno. Recuerdo que solo hacía 2 cosas entre las contracciones, pujar y respaldar la cabeza en el portarrollos. Eran pocos y muy lacerantes. Recuerdo que vino la partera, se inclinó, me tomó las manos y me ha dicho: «Alejandra, ¿qué deseas?» con un tono despacio y muy cariñoso. Y yo, tal y como si fuera el peor de los orcos, le respondí en un susurro amenazador por el hecho de que ni él tenía ganas de vocear: “Fuera de mí.” Me mencionó que ahora quedaba menos. Y pasaron muchos, minutos, no sé cuántos, pues si algo es cierto, entonces en el momento en que te detienes, en el momento en que mi hijo corona, te olvidas de la hora. Mi marido salió corriendo a comunicar a la partera sin decir nada para no alarmarme tal y como si yo no supiese lo que pasaba. Pero vaya, en el momento en que sentí que la cabeza de mi niño estiraba al límite la piel de mi perineo, sentí que me quemaba, era como la mierda del melón mucho más grande de todo el mundo y se quedó atascado allí. No es muy romántico, ¿verdad? En ese instante me sentí de esta manera. Llegó la partera, deseó meter los dedos y se encontró con el cabezón. Whoaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah fueron las expresiones que recordé. Me levantaron entre ellos, me dejaron en la camilla y me dio las últimas normas. Empuja, empuja, no empujes, no empujes, ahoraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah Encima. La eyección fue rapidísima, tanto que recuerdo el mucho más mínimo mal. Es verdad que semeja que tu chisme está a puntito de reventar, pero nada relacionado con los dolores de parto que se han anunciado hasta el día de hoy. Tras 2 empujones, mi hijo se encontraba afuera llorando y me sentí aliviado. Ahí va mi instante geek. Sí, mi niño termina de salir, todo dejó de doler, el mal desapareció, ni la espalda, ni los riñones, ni el chisme, la sensación de alivio fue despiadado. Tanto es conque en ese instante me imaginé la imagen de Frodo en el momento en que, una vez que hubiese lanzado el anillo al fuego de las Montañas del Destino y se fundiera, su rostro quedó como un mar de gustico mientras que afirmaba: «Se fué.. .» tal y como si hubiese cagado un melón enorme tras una semana cargada. Sí fue mi bebé que salió sintiéndose como Frodo, aliviado, cómodo, en un instante todo el mal salió, ¡no lo podía opinar! Y mientras que limpiaban a mi bebé tras un instante de caos por el hecho de que todo había sucedido rapidísimo, me quedé allí, encantada, estirada, aliviada, sorprendida de no sentir ningún mal en lo más mínimo, y creí que en este momento sabía de qué forma era Frodo. se sintió en el momento en que tiró la cogida al fuego. mandar narices. Entonces recobré el sentido y demandé a mi bebé que todavía era acicalado entre mis piernas. Pero ese primer minuto tras ser liberado fue el mucho más surrealista de mi vida. Menos mal que era paranoia mental, no deseo meditar en de qué manera me habrían mirado la partera y las enfermeras si me hubiesen visto desvariando con Frodo y su anillo. En el momento en que alguien me pregunta de qué manera se siente en el momento en que sale el bebé y no puedo evitarlo: ‘¿Viste El regreso del rey en el momento en que Frodo deja caer el anillo? ¿Qué tan feliz es? Ya que de esta forma”, les podéis imaginar las caras que ponen al escucharlo. Aun yo, prácticamente 6 años después, en el momento en que recuerdo esto, no puedo eludir reírme. De esta forma me imagino todavía el día de hoy a mis Expulsivos como Frodo al filo del abismo, ofuscado con el mal que arrasaba mi personalidad, transformado en prácticamente un monstruo, necesitado, pero no deseo, duele, pero es cariño. , deseo que salga ahora pero no deseo que salga por el hecho de que me duele bastante tener a mi marido junto a mí como un sam incansable animándome «vamos tú puedes llevar a cabo esto» hasta el momento en que al final sale, el el mal desaparece, me siento aliviado y soy de nuevo yo mismo.Lo verdaderamente fantástico es que pese a todo el mal, se olvida. Hay un pequeño milagro con apariencia de bebé que te hace olvidar sin ofrecerte cuenta. Además de esto, no es exactamente lo mismo ofrecer a luz con mal y en un ámbito hostil que ofrecer a luz con mal en la privacidad, con total respeto por tu instante, para guiarte y guiarte. Duele el parto, vamos si duele. Pero no engaño en el momento en que digo que es un mal que bien merece la pena por el hecho de que el resultado es lo destacado que puede pasar en la vida. Y pese a todo, es un mal que quisiese regresar a atravesar. Y es un mal que, si bien no lo parezca, aun puedes recordarlo agradablemente. Este o aquel sirviente aquí es un tanto Masoca.

Peligros socios con la anestesia

Ciertos resultados consecutivos socios con la anestesia epidural tienen la posibilidad de integrar temblores, problemas o presión arterial baja. Además de esto, podría alargar el trabajo de parto (gracias a la pérdida de la aptitud de mover de la madre) y acrecentar la posibilidad de un desgarro perineal. Ciertas mamás tienen la posibilidad de presenciar náuseas tras la anestesia epidural y un pequeño porcentaje puede presenciar vómitos.

Ciertas adversidades siguientes se han asociado con la utilización de epidural como:

¿De qué manera me preparo para pujar a lo largo del trabajo de parto?

El día del parto indudablemente va a ser entre los instantes mucho más esenciales de tu vida. Y como es lógico asimismo para tu hijo. Es buena iniciativa prepararse bien para este instante, tanto física como mentalmente.

Conforme se aproxima la fecha de parto, muchas mujeres experimentan ansiedad y también indecisión sobre de qué forma va a ser su parto. Es buenísima iniciativa leer, informarse y educarse bien. Saber las etapas del parto, comprender qué experiencias vamos a sentir, el tiempo que frecuenta perdurar cada etapa… Ayudar a tutoriales de preparación al parto asimismo nos deja aclarar nuestras inquietudes con un profesional especializado y no dejarnos llevar por distintos mitos populares. a fin de que tengamos oído.