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¿Quién es el niño de los azotes en El príncipe y el mendigo?

Entonces le dio una palmada al niño en el hombro con la parte plana de su espada y chilló: – Levántate, Humphrey Marlow, enorme niño azotador hereditario de la Casa Real de Inglaterra.

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Mark Twain emplea entre los episodios mucho más apasionantes del periodo moderno temprano a «El Redactar Príncipe y el Indigente». Eduardo VI, hijo del sanguinario Enrique VIII y la tercera de sus ocho esposas, se ve envuelto en un caos en el momento en que cambia de identidad con Tom Canty, un pilluelo callejero con aspectos similares a los del rey de Inglaterra. . La novela le hace un enorme favor al soberano, que según Twain es «en especial amable para estos momentos bien difíciles». Lo cierto es que el jóven solo vivió 15 años y para gobernar, que es gobernar, rigió poco por el hecho de que su padre le dejó en herencia dieciséis tutores y un país de pie de guerra. Pero lo que cuenta es el desenlace feliz de la historia, la liberación física y ética de los 2 personajes principales y su vuelta al planeta que resulta conveniente a todos, con el añadido de que Tom recibió el respeto y el aprecio de sus compatriotas. y el intrépido Miles Hendon, el noble que logró viable la coronación del verdadero príncipe, la concesión de un privilegio único para él y sus descendientes: sentarse sobre la presencia del rey. A lo largo de la recepción de los Premios Príncipe de Asturias, aprovechamos las situaciones para jugar a los rebeldes y entender de qué manera se sienten quienes contemplan la desaparición del séquito real desde una distancia prudente y sin estridencias, eso sí; y si bien la señora nos miró con ademán sombrío, el príncipe heredero salvó la distancia que nos apartaba y nos saludó con un apretón de manos y una reverencia en el cuello: ¡Qué suerte poder sentarnos! ¿Oye? Un óptimo final sabiendo que nos hubiesen descolocado en otro instante. Se ve que D. Felipe asimismo había leído a Twain…

Tom en el Palacio

Tom se miró al espéculo con enorme admiración, pero al notar esto el príncipe no En el momento en que regresó, empezó a preocuparse por venir tarde. Creyó que lo matarían si lo descubrían, conque trató de asomarse por la puerta, y en el momento en que vio que los sirvientes se ponían parado en su presencia, regresó a la habitación, aterrorizado. La princesa Juana de Grey lo visitó y solamente entró Tom le solicitó que tuviese piedad de él y que no lo matase en tanto que solo era un pobre indigente que no tenía la culpa de lo sucedido pero Juana mencionó que salió veloz, el príncipe había volverse desquiciado. El rey llamó a su hijo para corroborar las supones que circulaban en el palacio de su disparidad, y en el momento en que Tom entró, se arrodilló frente al rey Eduardo VIII y le rogó clemencia, perdón y clemencia. El rey confirmó que su hijo se había vuelto orate y creyó que el estudio elevado lo había confundido, pero desquiciado o no, todavía era el príncipe y futuro rey de Inglaterra. Asimismo anunció que sería ordenado al día después con el ceremonial clásico en su dignidad principesca y que el enorme heraldo hereditario de Inglaterra, Norfolk, sería encarcelado en la torre del palacio y culpado a muerte. Sintiéndose culpable por el juicio que le aguardaba a este hombre, Tom se percató de que en este momento era un auténtico preso y que podía estar encerrado para toda la vida en su jaula dorada, como un príncipe descuidado y sin amigos. Los viejos sueños de él habían sido muy agradables, pero la verdad de hoy era sombría.

Lord Hertford, el tío del Príncipe, y Lord St. John le afirmaron a Tom que no hablara bastante y que se disculpara cortésmente con la gente que no conocía. Las hermanas del príncipe, las princesas Isabel y Juana, visitaron a Tom para comprender mucho más sobre su condición. Tom sintió que solo ellos podían ser sus amigos y socios en el palacio. Sir William Herbert, supuestamente un amigo del Príncipe, demandó verlo, pero Tom se excusó y trató de reposar antes de proceder a la liturgia y el banquete que le habían listo en la localidad.